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martes, 12 de julio de 2011

¿Qué se escuchaba en los días de la independencia?

La Moda en 1800: Los Uniformes en la independencia

La Batalla de Ayacucho



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“La aurora del día 9 vio a estos dos ejércitos disponerse para decidir los destinos de una nación. Nuestra línea formaba un ángulo: la derecha formada por los batallones de Bogotá, Voltigeros (ex–Numancia), Pichincha y Caracas, al mando del Sr. General Córdova; la izquierda de los batallones 1ro., 2do., 3ro. y Legión Peruana bajo el Ilustrísimo Sr. General La Mar; al centro los Granaderos y Húsares de Colombia con el Sr. General Miller y en reserva, los Batallones Rifles, Vencedores y Vargas, al mando del Sr. General Lara.

Al reconocer los cuerpos recordando a cada uno sus triunfos, su gloria, su honor y su patria, los vivas al Libertador y a la República, resonaban por todas partes. Jamás el entusiasmo se mostró con más orgullo en el frente los guerreros. Los españoles a su vez, dominando perfectamente la pequeña llanura de Ayacucho, y con fuerzas casi el doble, creían cierta su victoria.”

“Nuestra posición aunque dominada, tenía seguros sus flancos por unas barrancas y por su frente no podía obrar la caballería enemiga de un modo uniforme y completo. La mayor parte de la mañana fue empleada en sólo fuego de artillería y de los cazadores. A las diez de la mañana, los enemigos situaban al pie de la altura cinco piezas de batalla, arreglando también sus masas a tiempo que estaba yo, revisando las líneas de nuestros tiradores. Di a éstos la orden de forzar la posición en que colocaban la artillería, y fue la señal del combate.”

“Los españoles bajaron velozmente sus columnas, pasando a las quebradas de nuestra izquierda los batallones de Cantabria, Centro, Castro, 1ra. Imperial y dos escuadrones de Húsares, con una batería de seis piezas, formando demasiadamente su ataque por esa parte. Sobre el Centro, formaban los batallones Burgos, Infante, Victoria, Guías y 2do. del Primer Regimiento, apoyando a la izquierda de este con tres escuadrones de la Unión; el de San Carlos, los cuatro de los Granaderos de la Guardia y las cinco piezas de artillería ya situada; y en la altura de nuestra izquierda, los batallones de 1 y 2 de Gerona, 2do.Imperial y 1ro., del Primer Regimiento: el de Fernandinos y el escuadrón de Granaderos de Alabarderos del Virrey.”

“Observando que las masas del centro no estaban en orden, y que el ataque de la izquierda se hallaba demasiado comprometido, mandé al Señor General Córdova, que lo cargase rápidamente con sus columnas, protegido por la caballería del Señor General Miller, reforzando a un tiempo al General La Mar, con el batallón Vencedor y sucesivamente con Vargas, mientras Rifles quedaba en la reserva para rehacer el combate donde fuera menester.

 El Señor General Lara recorría sus cuerpos en todas partes. Nuestras masas de la derecha marchaban armas a discreción, hasta cien pasos de las columnas enemigas, en que cargadas por ocho escuadrones españoles, rompieron el fuego pero los nuestros, comenzaron a rechazarlos y despedazarlos con nuestra soberbia caballería: fue un momento. La infantería continuó inalterablemente su carga en todo su frente.”



“Entre tanto los enemigos, penetrando por nuestra izquierda, amenazaban la derecha del General La Mar, y se interponía entre éste y el Señor General Córdova con los batallones en masa, pero llegando en oportunidad “Vargas” al frente y ejecutando bizarramente los Húsares de Junín la orden de cargar por los flancos de estos batallones, quedaron disueltos. “Vencedores” y los Batallones 1, 2 y 3 y la Legión Peruana marcharon audazmente, sobre los otros cuerpos de la derecha enemiga, que reuniéndose tas las barrancas presentaban nueva resistencia, pero reunidas las fuerzas de nuestra izquierda y precipitadas a la carga; la derrota fue completa y absoluta.”

“El Señor General Córdova trepaba con sus cuerpos la formidable altura del Cundurcunca, donde se tomó prisionero al Virrey La Serna. El Señor General La Mar, salvaba en la persecución, las difíciles quebradas de su flanco y el Señor General Lara marchaba por el centro, asegurando el suceso. Los cuerpos del Señor General Córdova

fatigados del ataque, tuvieron la orden de retirarse y fue sucedido por el Señor General Lara, que debía reunirse en la persecución al General La Mar, en los altos del Tambo. Nuestros eran ya más de mil prisioneros, entre ellos sesenta jefes y oficiales, catorce piezas de artillería, dos mil quinientos fusiles, muchos otros artículos de guerra, y perseguidos y cortados los enemigos en todas direcciones; cuando el general Canterac, Comandante en Jefe del ejército español, acompañado del General La Mar, se me acercó a pedir una capitulación.

Aunque la posición del enemigo podía reducirlo a una entrega discrecional, creí digno de la generosidad americana conceder algunos honores a los rendidos, que vencieron catorce años en el Perú; y la capitulación fue ajustada en el campo de batalla, en los términos que verá Ud. por el tratado adjunto; por él se han entregado todos los restos del ejército español, todo el territorio del Perú ocupado por sus armas, todas sus guarniciones, sus parques, almacenes militares y la Plaza del Callao con sus existencias.”

“Se hallan por consecuencia en poder del Ejército Libertador, los tenientes generales La Serna y Canterac, los mariscales Valdez, Carratalá, Monet y Villalobos; los generales de brigada Bedoya, Feraz, Camba, Somocurcio Cacho, Landázuri, Atero, Vigil, Pardo y Tur, 16 coroneles, 68 tenientes coroneles, 484 mayores y oficiales, más de dos mil prisioneros de tropa, inmensa cantidad de fusiles, todas las cajas de guerra, municiones y cuanto elemento militan poseían.”

General Córdova,

atacó diciendo:

¡Adelante!, paso de vencedores, armas a discreción

“Mil ochocientos cadáveres y setecientos heridos, han sido en la Batalla de Ayacucho, las víctimas de la obstinación y de la temeridad española. Nuestra pérdida es de 370 muertos, y 609 heridos. Entre los primeros el Mayor Duxbury del “Rifles”; el Capitán Urquiola del “Húsares de Colombia”; los Tenientes Oliva de “Granaderos de Colombia”, los capitanes Colmenares y Ramírez del “Rifles”.

Los tenientes Bonilla del “Bogotá”, Sevilla del “Vencedor”; y Prieto y Ramonet del “Pichincha”. Entre los heridos, el bravo Coronel Silva del “Húsares de Colombia” que recibió tres lanzazos cargando con extraordinaria audacia a la cabeza de su regimiento.

 El Coronel Luque que a la cabeza del batallón “Vencedores” entró a las filas españolas; el Comandante León del Batallón Caracas, del 2 del Húsares de Junín que se distinguió particularmente: el coronel Leal contuso que a la cabeza del “Pichincha” no sólo resistió las columnas de caballería enemiga, sino que las cargó con su cuerpo; el Mayor Torres del Voltijeros; el Mayor Somosa del “Bogotá” cuyos batallones conducidos por los Coroneles Guas y Galindo trabajaron con extraordinaria audacia. Los capitanes: Jiménez, Conquis, Dorronsoro, Brown, Gil, Córdova y Urena. Los tenientes Infantes, Silva, Suárez, Villarino, Otárola y Frenche.”

“Los subtenientes Galindo, Chabur, Rodríguez, Malaba, Terán y Pérez de la Segunda División de Colombia. Los capitanes Landaeta, Troyano, Alcalá,Doronsoro, Granados y Miró. Los tenientes Pásaga y Arisscum y el subteniente Sabino de la 1ra. División de Colombia. Los tenientes Otárola, Suárez,Horna, Posada, Miranda y Montoya, los Subtenientes Iza y Alvarado (Alvarado Ortiz, paiteño)de la División del Perú. Los tenientes coroneles Castilla y Geraldino, los tenientes Moreno y Piedrahita del Estado Mayor.”

“Estos oficiales son muy dignos de una distinción singular.”


“El Batallón “Vargas conducido por su denodado Comandante Morán (Trinidad) ha trabajado bizarramente. La Legión Peruana con su Coronel Plaza sostuvo gallardamente su reputación. Los batallones 2 y 3 del Perú con sus comandantes Gonzáles y Benavides mantuvieron firmes sus puestos contra bruscos ataques. Los Cazadores del Nº 1 se singularizaron en la pelea, mientras el cuerpo estaba en reserva.

 Los Húsares de Junín conducido por su Comandante Suárez, recordaron su nombre para brillar con valor especial, los Granaderos de Colombia destrozaron con su carga el famoso regimiento de la Guardia del Virrey. El Batallón Rifles no entró en combate, escogido para reparar cualquier desgracia, recorría los lugares más urgentes y su Coronel Sanders, los invitaba a vengar la traición con que fue atacado en Corpahuaico. Todos los cuerpos en fin han llenado su deber cuanto podía desearse.”

“Con satisfacción cumplo el agradable deber de recomendar a la consideración del Libertador, a la gratitud del Perú y al respeto de todos los valientes de la tierra, la serenidad del Señor General La Mar ha rechazado el instante de decidir la derrota.”

“La bravura con que el General Córdova condujo sus cuerpos y desbarató en un momento el centro y la izquierda enemiga. La infatigable actividad con que el Señor General Lara, atendía con sus reservas a todas partes y la vigilancia y oportunidad del Sr. General Miller, para las cargas de Caballería.”

“Como el ejército todo ha combatido con una resolución igual el peso de los intereses que tenía a su cargo, es difícil hacer una relación de los que más han brillado, pero he prevenido al Señor General en Jefe de Estado Mayor General, que pase a Ud. los originales de las noticias enviadas por los cuerpos. Ninguna recomendación es bastante para significar el mérito de estos bravos.”

Según los estados tomados al enemigo, su fuerza disponía en esta jornada, era de 9,310 hombres, mientras que el Ejército Libertador formaba 5,780. Los españoles no han sabido si admirar más, si la intrepidez de nuestras tropas en la batalla, ola sangre fría, la constancia, el orden y el entusiasmo.”

“La campaña del Perú está terminada. Su independencia y la paz de América se han firmado en este campo de batalla. El Ejército Unido quiere que sus trofeos en la victoria de Ayacucho sean una oferta digna de la aceptación del Libertador de Colombia. Dios Guarde a Ud. Antonio José de Sucre.”


La batalla de Ayacucho se ganó por el arrojo del joven general Córdova. En un momento crucial, el general Sucre se le acercó y le dijo: general Córdova, si toma los altos del cerro Condorcunca, habremos ganado la batalla.

Entonces Córdova se bajó de su caballo y arengó a sus soldados diciéndoles: ¡Adelante, paso de vencedores. Armas a discreción ¡ Al llegar a su meta, Córdova encontró al Virrey La Serna herido, y a continuación vino la solicitud de capitulación. 

El historiador español Mariano Torrente afirma que el ejército realista en octubre contaba con 9500 pero que desde esa fecha había sufrido bajas considerables en los 47 días de continuos movimientos por los parajes más fragosos y difíciles, en el paso de una multitud de torrentes y ríos a causa de las privaciones de todo género que habían sufrido y la deserción propias de aquellas tropas, como también por los muertos y herido en las acciones de Andahuaylas, Matará y otras escaramuzas. Su fuerza efectiva era pues igual a la de los enemigos, es decir de 7 a 8000 hombres sin que se observase más superioridad que en la artillería.

Continúa Torrente manifestando que el ejército insurgente se componía de diez batallones, doce escuadrones y una pieza de artillería, con una fuerza disponible de 5780 hombres confesada por los enemigos, pero que según mejores datos no bajaba de los 7000.

El mismo historiador asegura que en el ejército realista sólo había 500 españoles y que el resto eran peruanos o del Alto Perú. Luego expresa que para evitar las deserciones se encerraba a los soldados naturales del país en cuadros formados por españoles. Esto como es fácil suponer demandaba más de 500 españoles.

Dice Torrente que en buen número de soldados del Ejército realista no tenían voluntad de luchar, y supone que hasta habían sido ganados a la causa de los patriotas. Narra casos de soldados que arrojaron sus armas y otros que hasta dispararon contra sus jefes. Culpa también como otros historiadores, al Coronel español Rubín de Celis, de haberse adelantado temerariamente en el ataque, dando oportunidad a que toda la División del General Córdova lo atacara y destruyera, creando la confusión en el resto del ala izquierda del ejército español. Reconoce este historiador que cuando ya estaba todo perdido, llegó un ayudante del General La Mar, para ofrecer a Canterac una generosa capitulación, planteamiento que aceptó Canterac, presentándose en compañía de La Marante Sucre.

Sucre en carta dirigida a Bolívar el 19 de noviembre aseguraba tener más de 5000 hombres de a pie y 1000 de a caballo, lo que representaba más de 6000 en total.

Después del revés que sufrió el ejército patriota en Corpahuaico, en que tuvo apreciables pérdidas; su ejército quedó conformado por 4000 colombianos, 1200 peruanos y sólo 80 argentinos.

El P. Rubén Vargas Ugarte, en “Historia General del Perú”, dice que La Serna había dispuesto que Valdez ocupara la derecha, Monet el Centro y Villalobos la izquierda, teniendo a su flanco un escuadrón de la caballería.

Canterac con el resto de esta arma y dos batallones del Gerona constituía la reserva. La artillería desmontada quedó a la retaguardia de Villalobos, salvo algunas piezas que llevaba Valdés. El plan de los realistas era sencillo.

 Se reducía a rebasar la izquierda de los patriotas (que mandaba La Mar y estaba formada por peruanos) acometiendo su flanco y amenazando su retaguardia, mientras que Villalobos secundando este movimiento cargaría sobre la derecha y cogido así el enemigo como entre tenazas. Monet con el grueso de las tropas se lanzaría sobre el frente.

Relata el P. Vargas, que Valdés desde las faldas del cerro Condorcunca miraba con largavista el movimiento de los patriotas. Luego “fijando el anteojo sobre el terreno de la derecha que era el punto que a él se había asignado les decía:

Es la división peruana la que a esa parte se dirige, voy a vérmelas con La Mar, me situaré a otro lado de la barranca, la artillería se colocará en aquel punto (señalándolo), poco más allá la infantería y a sus flancos la caballería, de esa manera podemos sin gran dificultad posesionarnos de aquella importantísima posición que ofrece la eminencia que allí se ve. Conseguido eso, dentro de dos horas todo quedará concluido pues tomaremos al enemigo por dos fuegos. Monet lo atacará por el centro y Villalobos por la izquierda.”

Como puede apreciarse, todo el poder español en Ayacucho buscaba concentrarse contra la División Peruana mandada por La Mar, y pensaban ganar la batalla destruyéndola. Valdés era sin disputa el mejor general del ejército español, no sólo por gran valor sino por la rapidez con que ejecutaba sus marchas y movimientos y por la visión certera y rápida que tenía de la situación. Era el mejor táctico y estratega del ejército realista.

Sucre dispuso que la División Peruana con La Mar se ubicara a la izquierda, Córdova a la derecha y al centro la División Lara que se encontraba muy maltratada por la derrota de Corpahuaico. A sus flancos estaba la caballería.

Fue Valdés el que inició el ataque al que le salieron al encuentro los guerrilleros morochucanos al mando del coronel Carreño. No había contado Valdés con este contratiempo, pero pronto lo superó y se volcó como una avalancha, atacando la infantería mientras que la caballería golpeaba los flancos de la Legión Peruana y la artillería los sometía a nutrido fuego.

El general Villalobos, debía atacar, sólo cuando Valdés estuviera ya arremetiendo con el grueso de sus fuerzas sobre la Legión Peruana. Como Villalobos no podía ver los movimientos de Valdés desde el sitio en que estaba, se limitó a calcular los progresos del jefe español, y cuando creyó después de cierto tiempo que Valdés ya había conseguido su objetivo, envió al Coronel Rubín de Celis que avanzara sin comprometer combate para tantear al enemigo.

Pero resultaba que Valdés no había podido penetrar y romper a la División Peruana, y lo único que ésta hizo, fue retroceder un tanto en forma muy ordenada a tiempo que solicitaba refuerzos a Sucre que le envió a los batallones “Vargas “ y “Vencedor. La llegada de estos cuerpos asombró a Valdés que se vio precisado a detener el avance, pues comprendió que la cosas no andaban bien en el resto del Ejercito Español, como para que Sucre pudiera desprenderse de dos batallones.

 En efecto, Rubin de Celis cometió el error de atacar a la derecha patriota, lo cual fue motivo para que la División del General Córdova lo destruyera, tal lo cual los patriotas de ese lado prosiguieron, avanzando, introduciéndose como una cuña entre Monet y Villalobos

Mientras tanto la caballería realista al mando de Feraz, no pudo apoyar a la infantería en sus movimientos por que le salió al encuentro la patriota al mando de Miller. Todo el plan de Valdés había fracasado.

La Mar neutralizando a Valdés sobre cuya acción descansaba todo el plan de batalla, fue el eje de la victoria de Ayacucho.

Los españoles iniciaron un repliegue general ante la arremetida temeraria de Córdova.

El general Valdés ya sin esperanza siguió luchando valientemente como simple soldado, en claro intento de morir en acción para no sobrevivir a la vergüenza de la derrota. Sus ayudantes lo sacaron, hasta donde estaban los otros jefes españoles ya derrotados con Canterac que había asumido el mando de los restos de ese ejército por estar La Serna lleno de heridas. Sólo unos 200 jinetes y unos pocos cientos de soldados de infantería los rodeaban, como restos de lo que pocas horas antes había sido un brillante ejército. Hasta ellos llegó un ayudante de La Mar para ofrecerles una capitulación que aceptaron porque no había alternativa.


La capitulación se ajustó entre Sucre y Canterac.- Antes hubo consejo de oficiales en el ejército realista y hasta el general Jerónimo Valdez aceptó.

De acuerdo a la capitulación en todos los lugares del Perú donde habían guarniciones españolas, estas debían entregar las armas, cuarteles, bagajes y caballos militares a los independientes..Los oficiales y soldados españoles que deseaban regresar a su patria, recibirían pasaje pagado del gobierno peruano, y mientras tanto podían conservar su uniforme. Los oficiales y soldados del ejercito español, podrían ingresar al ejercito peruano, si así lo quería, y conservarían su grado militar.. La Plaza del Real Felipe sería entregada a los independientes.

Los solados españoles derrotados en Ayacucho formaron en columnas y recibieron los honores militares de una rendición honrosa.

Algunas estipulaciones de la capitulación no se pudieron cumplir, pues el general realista Olañeta seguía sublevado en el Alto Perú. En el Callao, el general Rodil se negó a entregar la fortaleza, y los habitantes de Huanta se negaron aceptar la capitulación de Ayacucho.

Los realistas tuvieron 1400 hombres entre muertos y heridos. Los prisioneros llegaron a 1000. Se tomaron 2500 fusiles y toda la artillería consistente en 14 piezas.

Los Orígenes y Características de la Etapa Republicana

lunes, 11 de julio de 2011

CONSECUENCIAS DE JUNÍN

La victoria de Junín estimuló grandemente la confianza y decisión de los patriotas y para los españoles fue un verdadero desastre no tanto por las pérdidas en sí, si no por sus consecuencias.

El mismo Canterac dice: “la fuga de nuestra caballería y la superioridad numérica de la infantería enemiga me precisaron a ver de alejarme con la rapidez posible del enemigo, para no exponer mis fuerzas a un contraste”. “Nuestra pérdida ha sido de poca consideración en el número, pero ha influido extraordinariamente en el ánimo, particularmente en el de la caballería”.

Miller en sus memorias, dice que los españoles perdieron 19 oficiales y 345 hombres muertos y 80 prisioneros (es decir, la tercera parte, lo que no era poco). Los patriotas tuvieron 3 oficiales (el capitán Urbina de los Granaderos a Caballo de Colombia, el tnte. Cortés del 1er. Regimiento de Caballería y tnte.coronel Carlos Sowersky que había luchado junto a Napoleón en Borodina ) y 42 hombres muertos, así como 8 oficiales y 91 soldados heridos. Se letomaron a los españoles 400 caballos ensillados, lo que muestra su precipitada fuga.

La caballería argentina, los famosos Granaderos de los Andes, con 122 soldados en Junín, no tuvo tan brillante comportamiento como correspondía a su gloria. Tuvo 8 muertos y 16 heridos; la caballería de Colombia formada por 598 jinetes que eran los engreídos de Bolívar, resultó con sólo 3 muertos y 8 heridos; y los Húsares de Junín con 519 combatiente, resultó con 23 muertos y 45 heridos. Eso dice bien a las claras, que fueron los jinetes peruanos los que hicieron la mayor parte de la victoria de Junín sobre todo los soldados norteños.

Bolívar dejó el ejército al mando de Sucre y se fue a Lima; mientras que Canterac emprendía precipitada fuga hacia Ayacucho y el Cuzco para unirse al Virrey. La caballería de Canterac que se consideraba invencible, había sido derrotada por los soldados bisoños del norte del Perú.

CANTERAC RELATA SU DERROTA

El general Canterac, sobre su derrota en Junín, informaba al virrey del siguiente modo:



Para cerciorarme si era efectivo que General Bolívar empezaba las operaciones, me dirigí rápidamente con el ejército a mi mando sobre Pasco, y habiendo averiguado que marchaba por la orilla de la derecha de la laguna, retrocedí para dirigirme a atacarlo por su retaguardia, o bien interponerme entre él y este valle.

Estando en marcha en las Pampas de Reyes, el día 6 a las 2 de la tarde, reconocí al ejército enemigo que estaba sobre la derecha de mi retaguardia. Continué mi marcha, y habiendo adelantado el enemigo su caballería, separándola a dos leguas de distancia de su infantería, se me presentó, fiado yo en el mayor número de la nuestra y en el valor los creía animados y me manifestaban todos sus individuos a la


vista del enemigo; tuve la ocasión por extraordinariamente propicia. Los enemigos tenían dos escuadrones formados en batalla, y los demás hasta el número de ocho, en columna por mitades, entre un cerro y un pantano, que impedía a éstos poder desplegar; cargué de frente con los escuadrones de húsares y dragones del Perú que estaban en batalla y los 4 escuadrones de la Unión en dos columnas sobre mis dos flancos destinados a flanquear a los enemigos y al mismo tiempo la de la derecha a servir de reserva.

 Los escuadrones enemigos que estaban en columna al ver la carga volvieron grupas y se desordenaron completamente, los que estaban en la batalla fueron atacados de frente a flanco por haber éstos aguardado la carga a pie firme y estaban ya en desorden, cuando en este mismo instante, sin poder imaginarme cual fue la causa, volvió grupas nuestra caballería y se dio a una fuga vergonzosa, dando al enemigo una victoria que era nuestra y que decidía en nuestro favor la campaña, pues todos los generales enemigos estaban a la cabeza de su caballería y batida ésta, caían indispensablemente en nuestro poder, en razón al desfiladero que tenían a retaguardia.”





Como se puede apreciar Canterac se dio cuenta del grave error táctico de Bolívar al haber escogido mal el terreno para el combate. Por otro lado, Canterac, no llegó a saber –cuando menos al momento de dar el parte- la razón de la fuga repentina de la caballería realista.

La Batalla de Junín

El 2 de agosto el Libertador Simón Bolívar pasó revista a su ejército en el llano de Rancas, y terminó con estas palabras elocuentes:

¡Soldados! Vais a completar la obra más grande que el cielo ha encomendado a los hombres: la de salvar un mundo entero de la esclavitud.

¡Soldados! Los enemigos que vais a destruir se jactan de catorce años de triunfos; ellos, pues serán dignos de medir sus armas con las vuestras que han brillado en mil combates.

¡Soldados! El Perú y la América toda aguardan de vosotros la paz, hija de la victoria, y aún la Europa liberal os contempla con encanto porque la libertad del Nuevo Mundo es la esperanza del Universo. ¿La burlaréis? No. No. Vosotros sois invencibles. —Simón Bolívar

El informe dado por el general Tomás de Heres, secretario general de Bolívar, elaborado el sábado 7 de agosto en el cuartel general de Reyes decía entre otras cosas lo siguiente:

“los enemigos habían avanzado hasta Pasco, volvieron sobre sus pasos a marchas forzadas, en consecuencia de las noticias que tuvieron de la dirección que seguía el ejército.

S.E. contaba con forzarlos a una acción formal situándose a su retaguardia por el camino que ellos debían de llegar a Jauja, pero la precipitación con que marchaban, les proporcionó la dichosa casualidad de llegar y aún pasar el punto en que debíamos encontrarnos, algunas horas antes con nuestro ejército, que tuvo que hacer una jornada por terreno escabroso y difícil.

En este estado, observando S.E. (Bolívar) que el enemigo continuaba sin cesar su retirada y considerando por otra parte que se escapaba de entre las manos la ocasión de terminar de un golpe la penosa campaña en que nos hallamos y decidir la suerte del país, resolvió adelantarse con la caballería al trote, mandada inmediatamente por el intrépido general Necochea y situarla en la misma llanura que ocupaban los enemigos, esperando que aquellos que nos habían buscado tan resueltamente, aprovecharían la ocasión que se les presentaba de lograr sus deseos, o que viendo a nuestra fuerza de caballería sobre ellos, comprometerían una acción para salvar todo su ejército.

Sea correspondiendo a estos cálculos, o por una ciega confianza en su caballería, los enemigos cargaron a la nuestra en una situación bien desventajosa para nosotros; el choque de estos dos cuerpos fue tremendo y al fin después de diferentes conflictos en que ambas partes lograban la ventaja, la caballería enemiga aunque superior en número y mejor montada que la nuestra, fue completamente desordenada, batida y acuchillada, hasta las mismas filas de su infantería, que durante la acción continuaba la marcha hacia Jauja y se hallaba muy lejos del campo, cuando aquella se decidió. Nuestra caballería ha mostrado un arrojo que mi pluma no alcanza a expresar y que sólo puede concebirse recordando los siglos heroicos.

El resultado de esta brillante jornada ha sido la de doscientos treinta y cinco muertos en el campo de batalla, entre ellos diez jefes y oficiales, más de ochenta prisioneros, muchos heridos y una infinidad de dispersos. Se han tomado más de 300 caballos apareados y el campo de batalla está cubierto de toda clase de despojos. Por nuestra parte hemos tenido fuera de filas 60 hombres muertos y heridos. Entre los primeros al capitán Urbina de Granaderos a Caballo de Colombia y al teniente Cortés del primer regimiento de caballería del Perú. Entre los segundos al bizarro general Necochea con siete heridas aunque ninguna de cuidado, al coronel Carvajal de Granaderos a Caballo de Colombia, al comandante Sobervi del 2do. Escuadrón del 1er. Regimiento del Perú, al sargento mayor Felipe Brown y al capitán Pedraza, ambos de caballería de Colombia. . .”.

El Ejército Patriota

Fue pretensión de Bolívar la de lograr la independencia del Perú utilizando tropas sólo colombianas, es decir sacadas de Venezuela, Colombia y Ecuador.

Se proponía traer nada menos que 10 000 soldados, pero sólo pudo reunir 6500 distribuidos en unos 9 regimientos, en los que había un gran número de peruanos pues las bajas que sufrían por enfermedad, muerte o deserción eran reemplazados por reclutas del Perú Independiente.

Sólo entre el 1ro. de junio y el 15 de agosto de 1824 fueron incorporados a los ejércitos de Colombia, 984 peruanos. Así el regimiento Bogotá de 776 hombres, tenía 200 peruanos y otros 150 de los 673 eran nuestros paisanos. En cambio los regimientos y batallones peruanos eran un cien por cien del lugar.

Bolívar siempre trató de denigrar a los cuerpos militares del Perú. Decía que la caballería colombiana era superior a la argentina y la peruana inferior a esta última.

En agosto de 1824, el ejército colombiano estaba formado por las siguientes unidades Vargas, Vencedor, Rifles, Voltígeros (ex-Numancia), Bogotá, Pichincha, Caracas, Granaderos y Guías y los Húsares. En total eran 6800 soldados de los que más de 1500 eran peruanos.

Thomas Rourke, biógrafo del Libertador, en su obra “Bolívar”, dice que éste contaba con cinco mil soldados colombianos y cuatro mil peruanos. Los primeros bajo el mando de Sucre y los últimos a las órdenes de La Mar.

La caballería peruana estaba comandada por Miller. Cuando el ejército patriota se movió a la búsqueda del enemigo, a Miller y su caballería le tocó la peor parte, pues recorrió mil kilómetros sobre la cresta de la cordillera, lo cual hizo con el mayor de los éxitos. Se trató sin duda de una marcha épica, que en opinión del experimentado Miller fue una de las más difíciles marchas cumplidas por algún ejército del mundo

En 1824 el ejército peruano tenía los siguientes Regimientos o Batallones; Regimiento de Dragones del Perú, Escuadrón Guías del Perú, Regimiento de Infantería de la Legión Peruana, Escuadrón de Lanceros de la Guardia, Escuadrón de Húsares, Regimiento de Granaderos a Caballo.

Las tropas de Argentina eran los: Granaderos a Caballo, Batallón Nº 11, Regimiento de Infantería de Río de la Plata y Artillería de los Andes.

Chile tenía el 2do. Batallón de Infantería.

Pertenecían al Escuadrón Lanceros de la Guardia, los piuranos Miguel Medina como abanderado, los alfereces Andrés Rázuri (de Pacasmayo) y José Ildefonso Coloma en la primera compañía; a la segunda compañía los alfereces Miguel Cortés del Castillo y Ventura Raygada.

En el 1er. batallón de infantería de la Legión Peruana de la Guardia, se encontraban el sargento mayor José María Raygada, el teniente 1ro. Felipe Santiago Salaverry, el subteniente Tomás Arellano, el teniente segundo Andrés Garrido y el teniente 1ro. Eugenio Raygada.

El General Don José de San Martín



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lunes, 4 de julio de 2011

Vídeo Resumen





Simón Bolivar en el Perú (segunda Campaña)

Antes de entra al Perú, Bolivar reflexionó sobre el ambiente político peruano y se dio cuenta de la anarquía reinante en el gobierno, justamente como el quería, para considerarse imprescindible. Para Simón Bolivar, éste problema nacía debido a que los presidentes del Perú no tenían mucha libertad de acción en el Gobierno, a causa de la intervención constante del Congreso Constituyente, presidido por Francisco Javier de Luna Pizarro.

Bolivar tenía tendencias autoritarias dictatoriales, inspiradas en la epopeya napoleónica, razón por la cual había planteado antes de llegar al Perú, que si se le encargaba el gobierno, lo asumiría, pero sin  permitir obstáculos en su gestión, con lo cual, hacía alusión a la constitución de 1823 y al congreso. Hábilmente envió a Sucre para Azuzar la división entre los dos Gobiernos Peruanos, cada uno de ellos con su respectiva facción congresal; dichos gobiernos, con sus caudillos, estaban ubicados de la siguiente manera:

En trujillo, José de la Riva Agüero y, en Lima de Torre Tagle.

Desde que Simón Bolivar llegó al Perú, el 1 de setiembre de 1823, invitado por la Comisión Sánhez - Olmedo, tenía como objetivo anular a Riva Agüero, lo cual finalmente logró con la ayuda de Gutierrez de la Fuente, quien trabajó anteriormente para el mismo Riva Agüero.

Antes de iniciar la campaña en la Sierra Centro - Sur, Simón Bolivar conformó su gobierno con Faustino Sánchez Carrión como Secretario de Gobierno, Hipólito Unanue, como Ministro de Hacienda y Antonio José de Sucre como Jefe de su Estado Mayor.

Faustino Sánchez Carrión fue esencial en su gobierno, pues su misión principal consistía en organizar los ejércitos para avanzar sobre la sierra. Con el fin de financiar la campaña, impuso la contribución indígena (en esencia, era lo mismo que el tributo indígena) y en forma simultánea se desarrolla una gran leva en parte de la sierra de Junín, Huánuco, etc.

La Primera Constitución Política (1923)

Las bases de la futura Constitución Peruana, aprobadas por el congreso el Congreso el 17 de diciembre de 1822 constaba de 24 artículos. Todas las provincias del Perú reunidas en un solo cuerpo, formaban la Nación Peruana. La soberanía residía en la nación. El gobierno sería popular - representativo; la religión es Católica, con exclusión del ejercicio de cualquier otra.

A la nación le corresponde dictar la Constitución y las leyes por medio de sus representares, y deberían concurrir todos los ciudadanos a la elección de éstos, siendo esta la única función del poder nacional, que se puede ejercer sin delegarla.

Se declara que el principio más necesario para el establecimiento y conservación de la libertad era la división de los tres poderes, haciéndolos independientes en cuanto fuera dable.

El poder legislativo sería único. La iniciativa de las leyes se reservaba a los representantes. El poder ejecutivo no podría ni ser vitalicio ni hereditario, y los que lo ejercieron, así como los ministros de Estado, serían responsables In-Solidum por las resoluciones tomadas en común y cada ministro en particular por los actos de su departamento. Se fijaban atribuciones del Senado conservador. El poder judicial sería independiente; los jueces inamovibles y de por vida. En las causas criminales el juzgamiento sería público, el hecho reconocido y declarado por los jurados  aplicada por los jueces. La imposición de contribuciones era de competencia exclusiva del Congreso. La Constitución protegía la libertad de los ciudadanos, la libertad de imprenta, la seguridad personal, la inviolabilidad de la propiedad, el secreto de la correspondencia, la igualdad ante la ley, el reparto de las contribuciones en proporción a las facultades de cada uno, el derecho de petición ante el congreso o el gobierno, la abolición de toda confiscación y de las penas crueles de la infancia trascendental del comercio de negros.

De los empleos y privilegios hereditarios se reconocía la deuda del Estado y se fijaba el objeto de las fuerzas públicas. La instrucción era una necesidad general y la sociedad la debía por igual a todos sus miembros.

Esta Constitución se basó en la teoría Roussiana del Contrato Social y en la consideración del poder como una delegación o una emancipación de aquel. Colocaron al parlamento por encima de los demás poderes, disminuyeron y cercenaron las atribuciones del Poder Ejecutivo.

Pero estos principios tuvieron que chocar con la realidad mestiza e inorgánica del País que recién surgía. Rotas las normas de disciplina y de orden sin una clase dirigente; sin fuerzas sociales, ni espíritu cívico, no pudieron dar al Estado cierta estabilidad, y por ello esta constitución fue instrumento político artificial.

Constitución Peruana de 1823

El Primer Congreso Constituyente y el Triunvirato

Llegó al Callao el 19 de Agosto, en donde se le dieron las noticias que uno de sus hombres de mayor confianza en su entorno, Monteagudo, por presiones en conjunto del Congreso y el Cabildo de Lima, había presentado su renuncia irrevocable, situación que demostró su debilidad política, por tal motivo el día viernes 20 de Setiembre de 1822, el Libertador don José de San Martín, instaló el primer Congreso del Perú Independiente, ante el cual en medio de mucha emoción se despojo de la banda bicolor presidencial, presentando su renuncia irrevocable para que el Congreso y los peruanos resolvieran y establezcan la forma de gobierno que debería regir al Perú, dejándolos a los peruanos libres de decidir sus destinos. Al terminar el acto, se dirigió al pueblo de Magdalena, y esa misma noche se embarcó en el bergantín Belgrano, alejándose para siempre del Perú con dirección a Chile, donde se estableció por poco tiempo en una pequeña propiedad rural, regresó a su país Argentina, y ante el mal trato que fue objeto se retiró a Francia donde murió en 1850.

El Congreso quedó bajo la presidencia de Francisco Javier de Luna Pizarro y como secretario Faustino Sánchez Carrión, el "Solitario de Sayán".

Ante la Falta de una cabeza en el poder ejecutivo, el congreso nombra una Junta Gubernativa conformada por: el General José de la Mar, Manuel Salazar y Baquijano y Felipe Antonio Alvarado, con el propósito de que ésta dirija el Estado peruano. La tarea principal de esta Junta era derrotar a los realista; ubicados en el sur del Perú, mediante la aplicación del Plan Militar de Ataque por puestos intermedios, ideado por San Martín.

Esta expedición estuvo dirigida por Rudecindo Alvarado y el General Guillermo Miller. Los generales españoles Valdéz y Canterác, supieron dirigir sus tropas aprovechando la falta de coordinación en el bando patriota, lo cual les permitió conseguir las victorias de Tarata y Moquegua.

Ante este fracaso, el general Andrés de Santa Cruz exigió al congreso al designación de un Jefe de Estado no sujeto al legislativo y con capacidad de Acción Autónoma. Santa Cruz derrocó a José de la Mar, Jefe del Triunvirato, la aristocracia temerosa propuso inmediatamente como presidente al Coronel José de la Riva Agüero, quien es elegido luego en ese cargo. A este hecho de le conoce como el "Motín de Balconcillos" (26 de febrero de 1823). Primer Golpe de Estado en el Perú Independiente.

La Entrevista de Guayaquil

Esta situación hace que el Libertador solicite la ayuda a Bolívar, para lo cual decidió realizar una entrevista personal con la esperanza de darle a conocer la situación y recibir la ansiada ayuda, así como él se la brindó para obtener el triunfo en la batalla de Pichincha y su entrada triunfante en Quito. El 14 de julio de 1822 se embarcó en el Callao en la galeta Macedonia, llegando a Guayaquil el 25, siendo recibido triunfalmente, y durante los días 26 y 27 de julio, los libertadores sostuvieron las entrevistas a puerta cerrada desconociéndose lo tratado, lo cierto es que terminaron en fracaso según se lo comentaría luego a su Ministro de Guerra el coronel Tomás Guido; San Martín abandonó Guayaquil en la noche del 27 cuando se realizaba una recepción en su honor.

Al parecer los asuntos tratados fueron:
  1. Culminación del Proceso de emancipación del Perú.
  2. Adopción de la forma de gobierno para el Perú.
  3. Apoyo militar para las tropas peruanas en la batalla de Pichincha.
  4. Situación de Guayaquil.

La Corriente Libertadora del Norte

Cochrane se retira del Perú

El motivo del retiro de Lord Cochrane, fue que este almirante consideraba que “el protectorado que estaba ejerciendo San Martín carecía de decisión, se mostraba dubitativo y su contribución no era realmente apreciada ni aprovechada”.

Por el mar el gobierno protectoral había recibido dos embarcaciones realistas que se rindieron a la causa, eran las fragatas españolas Prueba y Venganza, sin embargo estas naves fueron motivo de enfrentamiento entre San Martín y Cochrane quien refería que las naves debían ser incluidas en la armada chilena, ante la negativa del Libertador, el marino Inglés, se retiro del Perú con 6 buques y un tesoro público que el Libertador había hecho guardar en una embarcación en Ancón, esta situación puso en grave peligro la situación en el mar que quedó desamparada de protección naval. Ante el peligro de las fuerzas realistas y por las condiciones políticos, sociales y culturales que existía en el Perú, el momento no era propicio para instaurar una República bajo el modelo de Estados Unidos, pese a que buscó inútilmente la ayuda de Argentina y Chile, no recibió la necesaria para terminar con las fuerzas realistas, las cuales comandadas por el Virrey en la sierra central, sur y Alto Perú concentraba una fuerza de 20,000 hombres.

La Serna busca reasumir el poder

Fortaleza del Real Felipe
El virrey José de la Serna trataba de recuperar posiciones: Con dicho propósito envió a las fuerzas realistas de Canterac a retomar Lima. Este general se acantonó en las afueras de Lima y el 10 de Setiembre de 1821, sin que las tropas patriotas obstaculizaran su avance, llegó hasta el Callao y se unió a las fuerzas del general José de la Mar, que custodiaba el Castillo del Callao o Fortaleza del Real Felipe. Luego de conocer las órdenes del virrey La Serna y de avituallarse, regresó a la sierra el de Setiembre de ese año. No logró retomar Lima, pero se paseó por ella.

El alto mando patriota que contaba con 7.000 efectivos y 3.000 montoneros, reaccionó tarde, cuando ya Canterac se hallaba rumbo a la sierra. Las tropas patriotas al mando del general Guillermo Millar las persiguieron, produciéndose escaramuzas entre la vanguardia del ejército patriota y la retaguardia del ejército realista. Estos choques produjeron gran merma en el ejército realista, principalmente por desbande y por la acción de los montoneros.

Canterac y La Serna, lograron reunirse en Jauja el 1 de Octubre de 1821. En el bando patriota, el almirante Lord Cochrane por disposición de San Martín, se retiró del Perú el 10 de Mayo de 1822, siendo reemplazado por el vicealmirante Martin Jorge Guisse en el mando de la escuadra.

Características de la situación económica del Perú en la Emancipación


La crisis social y económica del Perú, al inicio de su etapa republicana, no se debe solamente al proceso de su independencia. El virreinato venía siendo empobrecido por su mala administración y por sus luchas internas. Recordemos que en 1789 Túpac Amaru encabezó su revolución y que Mateo Pumacahua, también se levantó en el año 1814. Con los movimientos independentistas, el Virreinato del Perú se enfrentó, además, con la lucha por mantener sus territorios: primero con Chile, luego el Alto Perú (norte de Argentina) y finalmente en Quito. Esto significó el empleo de ingentes recursos de hombres, dinero y merma de la producción.

Los llamados criollos del virreinato se sintieron amenazados ante la posibilidad de la Independencia y con la idea de defender sus privilegios apoyaron a la causa de la corona, siendo finalmente derrotados y empobrecidos con las sucesivas confiscaciones, los préstamos forzosos y las vicisitudes de la guerra. Como consecuencia de toda esta crisis, gran parte de la administración colonial sobrevivió a los primeros cincuenta años de vida. Cuentan los historiadores de la época que la virulencia de las confrontaciones, junto con la avaricia de uno y otro bando, convirtieron a todo el territorio en tierra de nadie, donde el más fuerte se apropiaba de diferentes bienes y arrasaba con todos los productos del campo (sembríos y ganados). Por otro lado, las explotaciones de los yacimientos mineros decrecieron al igual que los obrajes. A ello se sumó el atraso tecnológico para este tipo de producción.

La guerra duró cuatro largos años. Entonces, cuando se proclama la Independencia, el Perú ya estaba en un proceso de empobrecimiento, desgastado por las luchas internas. Una de las primeras mediadas económicas que tomó San Martín fue el de anular el comercio exterior; y en el interior, el reclutar soldados, lo cual significó disminuir la mano de obra, arruinando la agricultura, la minería y las industrias.


El Estatuto Provisional de San Martín (1821)

Consta de diez secciones y fue dictado por San Martín a fin de regularizar sus poderes como Protector del Perú y establecer algunas pautas constitucionales y administrativas. Legisla principalmente sobre la religión del Estado, la católica, no pudiendo ser funcionario quien no la practique; atribuciones, derechos y deberes del Protector, que será Generalísimo de las fuerzas de Mar y Tierra, obligándose a obtener la independencia del Perú, a la determinación de nacionales ciudadanos y naturalizados; garantías y derechos individuales; funciones de los Ministros, funciones y elecciones Municipales y vigencia del Estatuto, hasta que se declare (y confirme) la Independencia del País.

El reglamento provisional dictado por San Martín en Huaura el 12 de febrero de 1821 contenía 20 artículos e iba precedido de extensos considerandos de cierta vaguedad.

División del Territorio Peruano

Se dividía el territorio peruano en cuatro departamentos: Trujollo, Tarma, Huaylas y La Costa. Se fijaban las atribuciones de los presidentes de los departamentos; de los Jefes de Partido que antes se denominaban Sub-Delegados, así como los Tenientes gobernadores de los pueblos. En cada departamento se creaba un agente fiscal con quien se entenderían las instancias en que se interese el Erario Público.

En las causas civiles y criminales del fuero común se observaban sin alteración las leyes y ordenanzas del Perú. Se estableció una cámara de apelaciones en Trujillo y se fijaban sus atribuciones. La jurisdicción Eclesiástica se continuaba ejerciendo de acuerdo al Derecho Canónico.

Todos los funcionarios públicos estaban sometidos al juicio de residencia. Y las leyes, ordenanzas y reglamentos que no estuvieran en oposición a los principios de libertad e independencia que venía proclamando el ejército liberador quedaban en fuerza y vigor.

Estatuto 1821

El Protectorado de San Martín

Una vez proclamada la Independencia del Perú ésta no estaba segura, existía el peligro latente del ejército español que se había asentado en la sierra central y dominaba toda la región del sur, era conveniente que San Martín continúe al mando del gobierno, situación que se lo hicieron saber los jefes del Ejército Libertador y los principales patriotas peruanos. El 3 de Agosto de 1821, contra su voluntad, dio un decreto por el cual asumía el gobierno de los Departamentos libres con el título de PROTECTOR, manifestando que renunciaría al gobierno cuando el país se viera libre de enemigos. El gobierno Protectoral de San Martín duró un poco más de un año (3 Agosto 1821 al 20 Setiembre 1822), durante el cual dictó estatutos algunos de tipo liberal inspirados en las revoluciones de Estados Unidos y Francia, en los cuales muestra su preocupación para consolidar las libertades y derechos de los ciudadanos. Eligió cuidadosamente a sus colaboradores quienes fueron Juan García del Río, encargado de las Relaciones Exteriores (natural de Nueva Granada); a Bernardo Monteagudo, encargado del Ministerio de Guerra (natural del Alto Perú) y a Hipólito Unanue, encargado del Ministerio de Hacienda (Peruano) quien representaba a la clase media que había triunfado, y con el nombre de Presidente (Prefecto de Lima) nombra al joven aristócrata Riva Agüero, quien gozaba de gran simpatía en el sector de la nobleza criolla. Cabe resaltar que el verdadero poder detrás del trono, lo ejercía el hábil político del Alto Perú, que gozaba de la confianza de San Martín y que más tarde con la de Simón Bolívar, llamado Bernardo de Monteagudo, quien estimulaba las ideas autoritarias de los libertadores.

Esta estructura inicial de gobierno, fue sostenida por San Martín hasta principios de 1822, cuando decidió seguir manteniendo el poder militar de las fuerzas del Perú, pero delegando las funciones políticas a un Delegado Supremo, escogido para ocupar este puesto fue el peruano aristócrata Torre Tagle, pero Monteagudo seguía ejerciendo su poder. Durante el breve período que duro el gobierno protectoral, San Martín y sus colaboradores dictaron diversas medidas políticas y administrativas, dirigidas a introducir cambios en forma gradual sin alterar bruscamente las estructuras sociales del Perú, y que podrían devenir en desórdenes propiciados principalmente por demagogos. San Martín dictó medidas en favor de las clases populares del Perú, algunas no se dieron cumplimiento como la supresión del tributo por parte de los indios y otras muy moderadas como a la disposición de la prohibición de la esclavitud de todos los hijos de los esclavos nacidos a partir de 28 de julio de 1821, esta medida aunque positiva en la practica era insignificante, ya que la mayoría de los esclavos, es decir el 99.9 % de los esclavos, habían nacido antes de la fecha de proclamada la independencia.



Otras medidas consideradas radicales durante el gobierno protectoral, fueron las confiscaciones y expulsiones aplicadas a los españoles residentes en Lima, no por inspiración de San Martín, sino por la presión de Monteagudo. En Lima, habían alrededor de 10,000 españoles, considerados el 20% de la población total y distribuidos en las diferentes clases sociales, a ellos se les permitió seguir viviendo en el territorio peruano a condición de que jurasen la Independencia, pero cuando finalizó el gobierno de San Martín, Monteagudo dispuso la confiscación de las propiedades y expulsión de muchos ellos. Con la finalidad de dar confianza y propia fuerza al Perú, el 18 de Agosto de 1821, creó el ejército peruano con el nombre de Legión Peruana de la Guardia; en el mes de setiembre del mismo año sin disparar un solo tiro, obtuvo la rendición de la guarnición dejada por el Virrey en la fortaleza del Real Felipe, capitulando el jefe español Mariscal de Campo don José de la Mar, quien se pasó a las filas patriotas; entre el 6 y 7 de Octubre organizó la Marina de Guerra del Perú; envió una división de fuerzas patriotas en ayuda de Bolívar a Ecuador, donde se obtuvo en Quito la victoria de Pichincha el 24 de Mayo de 1822. En las medidas que adoptó de tipo cultural están la fundación de la Biblioteca Nacional; la creación de la Escuela Normal destinada a la formación de maestros, etc.